Un libro de bolsillo es, antes que nada, un libro que no cabe en un bolsillo. No es que no quepa realmente, es que no quiere caber porque allí se está muy incómodo. Ningún objeto quiere viajar en bolsillo, ni el dinero, que desaparece de allí sin que nos demos cuenta, ni las llaves que en cuanto pueden cavan un túnel de huida hacia la pernera del pantalón, nadie quiere ir ahí embutido. Meter un libro en un bolsillo es como meter una gallina en vaso de tubo. Puede que se rompa el vaso o puede que se rompa la gallina, o puede que lo consigas pero el animal no va a estar cómodo. Sin embargo, los amantes de la lectura, los de verdad, no esos que sólo la quieren para llevársela una noche a la cama y luego ni se toman un café con ella ni nada; para esos amantes que necesitan trotar con su lectura, se inventó el libro de bolsillo. El amor no es cómodo, eso lo sabemos todos. El libro viaja molesto y el dueño del bolsillo también. El roce siempre es el roce y es por eso que estos amantes de las lecturas, los más solitarios, encuentran un excelente compañero de estrecheces, flexible y castigable, en el libro de bolsillo. Mi consejo: lea usted lo mejor que pueda, el tamaño no importa.

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