Mi amigo Juan Herrera tiene los ojos bastante saltones, tanto que si llueve no se moja los zapatos. Ayer me encontré con él y tenía los ojos más saltones de lo normal. «Luisito, mira esto», me dijo. Y he aquí el vídeo que me puso. Es curioso que hay una edad en la que el rostro de los ancianos pase de la ternura al terror moviendo menos de un músculo. La frontera que separa lo adorable de lo tremebundo es difusa como la del vello púbico de los primates. Os dejo con este hombre, un ser salido del universo de Murnau, adorable y siniestro. El hombre que emocionó a mi amigo Juan hasta las lágrimas, lo sé porque tenía los zapatos mojados.

Atención, que al final hay moraleja.

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