La risa está sobrevalorada y tiene una relación con el humor tan cercana, o tan lejana, como la que tienen amor y el sexo. Risa y humor, amor y sexo, a veces van juntas, al menos eso es lo deseable, pero todos hemos vivido gimnásticas proezas de sexo sin amor y dolorosísimas situaciones de amor sin sexo. Pues con la risa sucede algo muy parecido. La risa y el humor han sido ajustadas por un relojero igual de torpe. Las personas, tanto las damas como los caballeros, pueden reír cuando les hacen cosquillas, por ejemplo, o cuando les dan un susto, o cuando respiran óxido de nitrógeno o cuando están muy nerviosas. Y no hay que ser un sabio para darse cuenta de que esos casos tienen muy poco que ver con el humor. Esas risas, las que no pasan por el cerebro, son exactamente iguales en los hombres y en las mujeres. Pero luego están las otras risas, las interesantes, las que le guiñan un ojo al entendimiento. Esas dependen de las piezas con las que esté hecho un cerebro y el tipo de cabeza en el que esté metido. Hay muchísimos tipos de cabezas, muchos más que dos, y es muy ingenuo pensar que todos los hombres ríen lo mismo o que a todas las mujeres les hacen gracia las mismas cosas. Las cabezas hechas de mica, cuarzo y feldespato se ríen de un tipo de chistes y los cerebros jugosos, experimentados y sinápticos, ríen otro tipo de mercancía. Todavía ninguno de esos dos tipos de humor es de uso exclusivo de ningún sexo en concreto. Siempre habrá gente que vuele alto y gente que se arrastre, independientemente de que sean excelentes personas o unos hijos de perra, independientemente de que sean autónomos o funcionarios, independientemente de que sean plebeyos o descendientes de la nobleza y, por supuesto, independientemente de que hagan pis de pie o sentados.

No creo que haya un tipo de humor que deleite más al hombre y otro del que disfrute más la mujer. El tópico dice que el hombre festeja más la canallada y la zafiedad, y que la mujer se enrojece al oír esas salvajadas. Eso es mentira. A lo mejor era así hace años, en determinados círculos. Hoy no. Yo he visto a mujeres reír como piratas con los chistes más soeces y hombres que bajaban la cabeza de vergüenza al verlo. Y al contrario también.

Sólo hay dos tipos de risa, como dijo Miles Davis acerca de la música, la buena y la mala. Existe el humor de Jabugo y el humor de chóped. Chaplin, Harold Lloyd, Buster Keaton, Gila, Groucho, Tip y Coll, Les Luthiers… pueden gustar a unos y a otras dependiendo de muchas cosas, pero no de su sexo. Y, por supuesto, siempre habrá un gracioso en las bodas que sepa decir hasta la zeta con eructos rodeado de hombres y mujeres tronchados de risa mientras otros y otras se tapan la cara de vergüenza.

Pero entonces, ¿por qué la mayoría de los humoristas son hombres? Ese es un tema curioso. Creo que es un síntoma de cómo funciona este asunto. El humor del bueno apunta al entendimiento y al sentimiento. Esa es su característica: el humor de Jabugo, que decíamos antes, pone los cerebros a jugar al escondite y los corazones a saltar a la comba. No estoy seguro, pero creo que ya se ha demostrado que las mujeres y los hombres tenemos modos de pensar y sentir algo diferentes. Sí no se ha demostrado todavía, se demostrará. El pensamiento femenino es más complejo, especulativo y previsor; el masculino es más sencillo y directo. Entonces ¿por qué nos hacen gracia las mismas cosas? Porque, aunque seamos distintos, tenemos que convivir y buscar la mayor cantidad de lugares comunes posibles y ese lugar común que hemos encontrado en el humor es un humor casi siempre masculino. Creo que no existe un humor exclusivamente femenino. Existe humor masculino hecho por mujeres, eso sí. Y es por una razón sencilla. Un humor masculino puede ser entendido por hombres y por mujeres, mientras que uno femenino, construido con una manera de pensar más compleja, sólo sería entendido por mujeres. Las mirillas de las puertas suelen estar a un metro cuarenta del suelo para que todos nos podamos asomar y ver quien viene, si las mirillas estuvieran a un metro ochenta no sería una buena idea porque solo podrían asomarse los altos. Una vez más, las partes se han ido guiando con sabia ingenuidad y han encontrado un lugar donde volver a explicar la vida y que todo el mundo la entienda. El humor hace eso: volver explicar las cosas, de modo sencillo y directo. Explicar el mundo de cero olvidando todo lo que se había dicho hasta entonces, aniquilando las frases hechas, los tópicos, lo esperado y lo establecido.

Los hombres y las mujeres nos reímos de lo que podemos. Desgraciadamente el humor es una florecilla escasa y hace mucha ilusión cada vez que uno se la encuentra. Por eso, todos los días y todas las noches, nos ponemos de acuerdo y hacemos el humor en un sitio donde los hombres y las mujer puedan disfrutar por igual.

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