Yo heredé el daltonismo de mi padre y lo con­servo con todo el cariño dentro de mi corazón. Los dal­tónicos también tenemos nuestro corazoncito. Verde, pero corazoncito.

El marisco es feo para que nos lo podamos comer sin remordimientos. Esos ojos que no son ojos, que son como pepitas de sandía, tienen un porqué. Son para poder arran­carles la cabeza a las gambas, chuparlas, tirarlas al suelo y luego comernos su cuerpo sin sentirnos culpables.

Durante mi infancia llegué a tener las rodillas de un color gris elefante que no lo quitabas ni con el rallador de queso. Salía más rentable volver a tapizar las rodillas con piel humana que lavarlas.

Los bancos son como los niños y como los borrachos: cuando hablan… cuesta mucho entenderlos.

El matrimonio es como el granizado de limón: sólo puede ir a peor. Se acaba cuando ya no queda nada que sorber, y todo el mundo se entera porque es muy ruidoso.

 

EDICIÓN RÚSTICA · PVP:  17,50 € + gastos de envío

 

Editorial: Planeta

Prólogo: Jose Mota

Diseño: Estudio Marta Botas

Dirección arte: Ximena Feijoo Merklen