¿Cada cuánto hay que echar a lavar un pijama?
En vista del éxito que ha tenido el post anterior os animo que expongáis cuál es el artículo que más os gusta del libro ¿Cada cuánto hay que echar a lavar un pijama?. Lo que más me interesa es por qué os gusta ese monólogo determinado. ¿cuál es la parte que os llega, o con qué os identificáis? El lunes que viene Dios hizo el mundo en siete días… y se nota.
Este es mi monólogo favorito de ¿Cada cuánto hay que echar a lavar un pijama?
Los topecillos de la tapa del váter
Menos es nada
Hoy voy a hablar de unos pequeños seres a los que no se les trata con el respeto que se merecen. Los topecillos de plástico blancos con forma de supositorio que viven debajo de la tapa del váter.
Para empezar, no tienen nombre. ¿Cómo se llaman esos topecillos? Los inventamos, los metemos en un váter y, ¡hala!, ni les ponemos nombre, ni nada. Es una ignominia.
Tal vez sea mejor así. Si tuvieran nombre y hubiera que hablar con ellos se nos caería la cara de vergüenza. Y si se te cae la cara de vergüenza al váter, ¿cómo la recoges? ¿Con la escobilla? Imaginaos coger una cara del váter y volvérsela a poner… Puaj, que se queda la cara como mojada, brillante, como… Yo creo que eso sólo lo ha hecho la Duquesa de Alba.
Pero volviendo al tema… ¿Quién habrá inventado esos topecillos? Imagino que es una de las últimas cosas que se le añadieron al váter. Alguien dijo:
-Sí, el váter está bien… pero, ¿sabéis lo que le falta para que esté perfecto? Esto.
- Ajá… ¿y cómo se llama?
- No tengo ni idea.
Nadie piensa en ellos. Viven ahí, a oscuras. La gente se cree que el cuarto de baño es un sitio iluminado, pero de eso nada. Es oscuro. Tiene luz cuando entramos porque encendemos; pero cuando salimos, apagamos, y ahí se quedan los topecillos como los murciélagos.
Por eso no tienen ojos. Por eso, y porque si tuvieran ojos y vieran la mierda de vida que llevan, se tirarían por el váter. ¡Vaya vida! Todo el día contra el frío mármol del WC… Eso debe de ser horrible.
¿Alguna vez os habéis sentado en el váter sin daros cuenta de que la tapa estaba levantada? ¡Que te cuelas! ¡Notas el frío mármol en las nalgas! Es horrible, ¿verdad? Pues ése es el día a día de los topecillos. Por eso tienen esa pinta de croquetillas congeladas. Por el frío y por los golpes, porque cada vez que cae la tapa… ¡Placa! Que a nosotros nos da un susto… pero a ellos les da susto y golpazo.
¿No se podría hacer nada para que la caída de tapa del váter no sea tan violenta? Se podrían almohadillar los topecillos, o ponerles un muelle. Ahora que todo el mundo personaliza los móviles, podríamos personalizar los topecillos. Sería como hacerle tunning al váter. Imaginaos, abres la tapa del váter y se oye “¿Qué pasaaa, neng?”. La verdad es que entre tunear un váter y tunear los coches que tunean los tuneros tampoco hay mucha diferencia.
Los topecillos dan mucha pena. Cuando quiero ver los topecillos, levanto la tapa y están ahí, como los dientes de un verdugo medieval, muy separados. Imagino que al bajar la tapa se juntan y charlan de sus cosas, de sus ilusiones, de sus esperanzas, de sus sueños…
Lo peor de los topecillos es el final. El final es muy duro. Amarillean. A veces uno se descuelga y queda colgandero, dando vueltas cual ruleta de la fortuna. Luego se despega del todo y nos deja para siempre… Pero en la tapa queda su silueta, como si lo hubieran asesinado y alguien hubiera repasado el contorno de su cadáver.
El otro día me dio tanta pena que los liberé. Los arranqué de la tapa y les dije: “Sois libres… os concedo un deseo”. ¿Y sabéis lo que me respondieron los topecillos? “Queremos ver el mar”. Reservé los billetes de avión y nos fuimos a ver el mar. Y en el aeropuerto “Yo quiero ventana, yo quiero ventana…”. Joder con el topecillo, toda la vida mirando un váter y ahora se pone exquisito…
Cada uno iba en su asiento. Qué curioso, era la primera vez que los topecillos iban encima de un asiento y no al revés. Total, que aterrizamos y los llevé a ver el mar. ¿Sabéis lo que dijeron? “Pues no es para tanto”. Ya. Es que, sin ojos, ver el mar no es lo mismo.
¿Cuál es tu monólogo favorito del libro del pijama? No olvides poner el porqué.








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