¡Lávalo, guarro!
Siempre he dicho que la mejor manera de no rayar el coche al aparcar es no lavarlo jamás. De modo que se forme una especie de caparazón protector de roña que proteja a la chapa del más mínimo rasguño. Esa idea plantea un problema únicamente, y es que siempre aparece ese Robin Hood de la higiene, ese Curro Jiménez de la pulcritud, que extiende su dedo límpido y te escribe en el cristal: Lávalo, guarro. ¿Guarro yo?, Pero… ¿ése chaval se ha visto el dedo?
Ahora ese problema ya no existe. Dónde unos sólo saben escribir “Lávalo, guarro”, otros llegan más lejos. En Tejas ha aparecido un extraño domador de mugre que hace unas cosas maravillosas.








32 comentarios, Comentarios o Trackback