Dos años
Este blog acaba de cumplir dos años. La pregunta es: ¿Se trata todavía de un blog retoño o tiene ya pelo en los sobacos? ¿Qué edad tiene este blog?, ¿cuántos años humanos son dos años blog? Es fácil saberlo. Cogemos la vida media de un blog y, en relación con la esperanza de vida de un hombre, hacemos una regla de tres. Es un dato tan fácil de obtener como inservible. Decir la edad en años es no decir nada. Yo me apunto al carro del premio Nóbel Alexis Carrel, que dice que el año astronómico no tiene nada que ver con el año fisiológico, como es normal. Cómo vamos a determinar las fases de la existencia de un señor mediante la cantidad de vueltas que ha dado la tierra alrededor de sol. ¡Qué tienen que ver las células de ese señor con la relación M-30 que la tierra tiene con el sol! Y me apunto también al carro de Wenceslao Fernández Florez, un escritor brillante de esos que utilizan todas las letras del abecedario, que proyectaba un movimiento internacional contra el régimen de contabilidad de las edades. Wenceslao decía que si a un enamorado deseoso de saber cosas de Maribel le dicen: “Maribel tiene treinta años ”, el pobre se verá obligado a preguntar más cosas: ¿estatura?, ¿brillo en los ojos?, ¿hipoteca?, ¿elasticidad de las arterias?, ¿mascotas?, ¿olor de aliento?… Sólo después de ese interrogatorio nos hacemos una idea de cómo es Maribel y poco nos ayuda saber que la tierra ha dado treinta vueltas al sol desde que ella nació. Todos conocemos, concluía Wenceslao, personas de veinte años que son mucho más seniles que otras de setenta.
Propongamos maneras alternativas de determinar la edad de las personas, dejando los años a un lado. Por ejemplo: el coeficiente agua-arena. Creo firmemente que la cantidad de tiempo que uno pasa bañándose en el mar, en relación con la cantidad de tiempo que uno pasa en la arena de la playa, dice mucho más del estado vital de una persona que sus años.
Otra, un poco más difícil de calcular, es el grado de adherencia culo-tobagán. Todos sabemos que gradualmente, y en estrecha relación con la vitalidad de cada uno, los culos pierden la capacidad de deslizarse por los toboganes. Los niños bajan todos como flechas pero a los dieciocho hay gente que baja y gente que no. Eso depende, más que de la edad, de la carrera que vayan a estudiar después. Los opositores a notarías, por ejemplo, suelen deslizarse peor que los estudiantes de psicopedagogía; no me preguntéis porqué. El tipo de hipoteca que tenga cada uno también influye directamente en cuan resbaladizo pueda ser un culo, así como los desengaños amorosos que hayamos experimentado y cómo los hayamos digerido. Uno empieza a ser viejo cuando el culo se queda clavado en el tobogán, cuando no baja y cuando no hay movimiento. Aunque hay un grado más, existe algo más vetusto que no poder bajar por un tobogán: tengo la sospecha de que si Manuel Fraga se sentara en la desembocadura, poco a poco empezaría a deslizarse hacia arriba.
Hay mil manera de saber la edad de las personas. La capacidad de recuperación de una resaca, por ejemplo. Con cuarenta años hay gente que tiene resacas de tres días gente que tiene resacas de dos horas. Otras formas pueden ser: porcentaje de horas dedicadas a ver el parte meteorológico en la tele, pasear con las manos en la espalda y haciendo ruidito con las llaves, la cantidad de bolígrafos que no pintan que uno guarda en casa…
Espero vuestras propuesta. ¿cuál sería la manera más justa de determinar la edad de las personas?









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