Por fin se estrena La Habitación de Fermat en Alemania. Con éste ya van más de cincuenta países y resulta muy interesante ver los distintos carteles que ha tenido la película en cada uno de ellos. Unas veces cambian el diseño, otras cambian el título… En cada país existe un departamento encargado de analizar lo que que llega de fuera y darle un pequeño retoque para que se venda mejor allí. Claro, como ellos conocen mejor su país hay que confiar. Cambian el color del cartel, el actor de la portada, el tamaño de las letras. Hay países en los que el rojo está mejor visto, por ejemplo, y otros en los que se leen mejor las letras grandes. Al menos ya no pasa como antes, cuando ese departamento te podía cambiar el final de la peli.
Aquí os dejo, gentileza de Rodrigo Sopeña, algunos de los carteles que ha tenido La Habitación de Fermat en su internacional andadura.
Me da la sensación de que hacer humor en el cine tiene que ser como estar preparando una ensalada mixta durante dos meses. El trabajo en un rodaje es lento, laborioso, fragmentado, repetitivo, cansado, tedioso… Y el humor necesita frescura, y vida, y ritmo. ¿Cómo se hace, entonces, para que después de meses de rodaje quede algo con un mínimo de color y de vitaminas? Yo no lo sé, por eso me quito el sobrero cuando hay una peli como Du Levande. Es una cinta sueca de Roy Andersson cuyo título en inglés es You, the living y que en España se ha titulado La comedia de la vida. Es un título que sabe a chicle ya masticado, lo sé, pero pasad por alto ese insípido detalle. La vi en el festival internacional de cinema Do Porto -Fantasporto- y ahora se estrena es España. Durará poco así que hay que darse prisa. Mientras tecleo este post se está proyectando en los Renoir de Plaza de España, en Madrid, pero es posible que cuando tú lo leas, ya la hayan quitado. Una rareza viva, fresca y que alimenta como un bistec. Aquí va un trocito.
El alma de una ciudad se ve en la grandiosidad de sus mendigos. Nueva York, por ejemplo, tiene unos mendigos que parecen enemigos de Batman; titánicos, desgreñados, cubiertos con varias capas de harapos, untados en esa especie de grasa color azul petróleo. Una ciudad que produce mendigos de ese nivel tiene que ser capaz de cualquier cosa. Y, por supuesto, es de esperar que tenga los teatros más vanguardistas, las mejores universidades y los mecanismos sociales más eficaces.
En España, gracias a Dios, siempre hemos tenido buenos mendigos. No son tan espectaculares como los norteamericanos porque España no es espectacular, pero son mucho más interesantes. España es cínica, como sus mendigos.
Dos testimonios. Un monólogo de Gila, no muy conocido y sin teléfono, y un trocito de la peli En Construcción de José Luis Guerín.
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