Mi primer post
Las primeras veces siempre tienen una carga de romanticismo que yo no acabo de comprender. La primera vez que uno monta en bicicleta, por ejemplo, o la primera vez que uno está con un chica. La gente las evoca con melancolía “Ay, la primera vez”. Pues en mi caso, la primera vez que me subí a una bicicleta fue muy parecida a la primera vez que estuve con una chica; Descoordinación, vértigo, pedaladas al aire y en ambos casos a los pocos segundos ya estaba en el suelo. Las primeras veces siempre son torpes y lo único que tienen de bueno es que ya han pasado. Sin embargo el cerebro segrega un liquidillo analgésico que borra los golpes y redibuja las primeras veces como algo memorable y decisivo para nuestras vidas.
Mi primer monólogo: Cajas de bombones y galletas surtidas, esas grandes desconocidas.
No sé ni como lo hice. Me subí a un escenario a trompicones y cuando me bajé me dijeron que había estado muy bien para ser la primera vez.




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