Letra pequeñas y chinas
Dos letra pequeñas. El cartel de un restaurante un poco “Guarrón”…
Y los ingredientes de una salsa de soja que, gracias a Dios, no contiene sorpresas.
Gracias a mis amigos Irene y Rubén.
Dos letra pequeñas. El cartel de un restaurante un poco “Guarrón”…
Y los ingredientes de una salsa de soja que, gracias a Dios, no contiene sorpresas.
Gracias a mis amigos Irene y Rubén.
¿Qué hacer cuando uno pierde las gafas entre la espuma?
Millonarios de todo el mundo nos enfrentamos día a día con problemas aparentemente nimios para gente de recursos limitados. Hoy, en la gran vida tiene sus normas, tenemos el lujo de presentar la siguiente historia. ¿Qué hacer cuando uno pierde las gafas en la espuma de la bañera?
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Los surrealistas inventaron este juego en 1925. Cada uno escribía una frase en los distintos pliegues de un papel doblado, sin que nadie lo viera. Luego desdoblaban el papel y disfrutaban del resultado. Como es lógico, el nombre de este juego surgió jugando a él: El cadáver-exquisito-beberá-el vino-nuevo.
Propongo hacer la versión 2.0 de los cadáveres exquisitos. Hay algunos cambios con respecto a las normas originales.
1.- Propongo un inicio de historia.
2.- Cada uno de vosotros, habiendo leído el comentario anterior, podrá añadir otro de cincuenta palabras como máximo.
3.- Cada comentario ha de ser un paso más. Algo que haga avanzar a la historia teniendo en cuenta lo que ya ha sucedido.
4.- Sólo se podrá hacer un comentario por persona hasta que yo vuelva a comentar, entonces se abrirá la veda de nuevo.
5.- En este hilo sólo se podrá escribir para hace crecer la historia. Nada de valoraciones, críticas, loas, citas… solo los ladrillos de la historia.
La idea es que al final podamos tener una historia escrita entre todos.
Pues si os parece bien. Aquí comienza nuestro primer Cadáver exquisito 2.0
CADÁVER EXQUISITO 2.0 número uno
Habían pronosticado calor y lluvias, y Florimboldo, como todo el mundo, tuvo que ir a trabajar en bañador y paraguas. Hacía tanto calor que el sudor se evaporaba por la mañana y caía como lluvia por la tarde. De camino se tomó un café y un curasán, como siempre, pero…
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Por fin el último capítulo. Ojo, contiene momentos no aptos para menores.
Capítulo séptimo y último
El mago usurpador hacía dos funciones al día, y en ambas estaban vendidas todas las localidades. La primera función fue muy divertida. La gente creyó que estaba en un espectáculo cómico. Falló el efecto del paraguas, después el mago tragó cristales de verdad y antes de empezar escupir sangre se subió al cacharro de volar. Los hilos se rompieron cuando estaba en lo más alto, cayó, las tablas del escenario cedieron y acabó en el foso. Allí fue donde escupió sangre por primera vez. Que no fue escupir exactamente, más bien fue toser. De todos modos aguantó poco sobre el suelo de foso. Cuando parecía que no podía caer más bajo, se oyó un crujido. El suelo del foso, debilitado por las galerías de los topos, cedió y el plagiador acabó bajo tierra. Ese pequeño detalle fue considerado por los topos como una intromisión y un plagio a su condición de vida, y enfurecidos se lanzaron sobre él y le comieron los ojos.
La segunda sesión fue magia de verdad. Primero salió al escenario el fenómeno capaz de curar la miopía. Lo hizo sin paraguas y además a todo el pueblo. La gente aplaudía entusiasmada y nadie notó como el oftalmólogo se retiraba para dejar paso al segundo de los fenómenos. Tal era la euforia que el mago comenzó a sacar de su ano botellas de champán para todos, frías y con tapón. La gente salió a la calle feliz, fascinada y sintiéndose testigos de lo imposible. A nadie le importó que aún faltara uno de los efectos que se anunciaba en el programa. La fiesta en la calle era de tal envergadura que la única persona en el mundo capaz de volar, subió hasta las nubes y pintó el mapa de su pueblo con todos los habitantes felices y sonrientes por primera vez en su historia.
Los que lo vieron lo contaron con tanta euforia que no hubo incrédulos y por eso no se volvió a presentar magia en aquel teatro. ¿Para qué más?
Fin
Por cierto. Este VIERNES 20, Actuaré en la sala Galileo Galilei de Madrid, a eso de la 1:00. Si venís charlamos de lo que os ha parecido la historia. Nos vemos!!!!
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Capítulo sexto y casi último
El plan: regresar al pueblo del hombre que sabia volar. El único problema era que ni él ni su mujer eran capaces de recordar el camino a través del bosque. La solución no tardó en aparecer. El que primero supo verla fue el hombre que operaba la miopía. Atarían una cuerda larga al tobillo del hombre que sabía volar, este se elevaría por encima de los árboles y desde allí arriba sería más fácil encontrar el camino a casa. El otro extremo lo agarraría su mujer. Él, con la cabeza en las nubes, decidiría el camino y ella, con sus preciosos pies en el suelo, guiaría al resto.
Tardaron en salir del bosque más de lo que esperaban porque los topos quisieron acompañarles. Estos bichos estaban muy agradecidos por haber recuperado la vista y sentían la obligación de acompañar a sus benefactores. Recibirían una bala en su lugar, si fuera necesario. Los fenómenos no pudieron negarse. Además no tenían prisa.
Cuando llegaron al poblado buscaron al mago usurpador. El muy cretino había comprado un teatro en el centro del pueblo y cada noche salía a escena con su traje negro, su chistera y un antifaz ridículo. El antifaz y la chistera no servían para nada. Eran únicamente para sacarse un sobresueldo vendiendo réplicas de mala calidad en el hall del teatro.
El mago usurpador había construido su espectáculo a base de copiar a magos de verdad. Él simplemente llegaba y reproducía los milagros pero, a diferencia de los auténticos fenómenos, utilizaba artefactos y maquinarias tramposas. Sin embargo, la gente salía encantada de su espectáculo. Decían cosas como:
-Está muy bien, casi no se ven los hilos con los que vuela.
-Sí, y los cristales de azúcar que se come parecen de verdad.
-Y el puntero láser que lleva en la punta del paraguas casi no se ve.
No siempre acertaban con sus pesquisas, pero nadie salía de allí con la seguridad de que aquello fuese imposible.
La idea fue de las mujeres. Compraron tres trajes iguales al que utilizaba el mago usurpador y después, en la tienda del teatro, tres chisteras y tres antifaces. Aprovechando la hora de comer, los fenómenos y sus señoras se colaron en el teatro. Los topos también entraron, pero ellos por una serie de galerías que daban al foso. No había nadie en el teatro y allí, al alcance de la mano, estaban todos los aparatos que empleaba el mago usurpador.
Repito que la idea fue de las mujeres. Una idea tan maravillosa como despiadada. Mientras los hombres se ponían los trajes, ellas se fueron directo hacia los aparatos del mago. Primero le quitaron las pilas al paraguas, después sustituyeron los cristales de azúcar por cristales de verdad y por último, con una cuchilla de afeitar, debilitaron los hilos, cuerdas e imanes del aparato para volar.
Sólo quedaba esperar a que se levantara el telón.
Continuará…
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¿Qué hacer cuando se enfría el agua de la bañera?
La Gran vida tiene sus normas es el espacio en el que los millonarios ponemos en común nuestras pequeñas miserias. Un espacio donde compartir esos pequeños impedimentos y sinsabores que se nos presentan en la vida cotidiana. Hoy, respondiendo a los cientos de cartas que se nos abuzonan en un montón, la Gran vida tienen sus normas se complace en presentar ¿Qué hacer cuando se enfría el agua en la bañera?
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Antes de la siguiente entrega del serial menos serio del mundo, voy a colgar una serie de vídeos que recogen algunos momentos de mi viaje a Ciudad del cabo.
LA GRAN VIDA TIENE SUS NORMAS
Kalimantán Y Cabo Agulhas han sido dos viajes realmente distintos. Éste último ha sido mucho más duro, por ejemplo. Atrás quedó la calidez de la madera de letrinas y lavaderos. En Cabo Agulhas, en cambio, sufrimos el frío mármol en nuestras tibias nalgas. Atrás quedó también la suave caricia del estropajo en la piel. Cabo Agulhas es la espuma caprichosa e imprevisible. Se podría decir que en Cabo Agulhas nos estamos pegando la gran vida, sí. Pero… La gran vida tiene sus normas.
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Pensaba darle fin al cuento hoy mismo, pero me parece que todavía hay para otro capítulo.
Capítulo quinto y penúltimo.
Los pies de la mujer del mago habían quedado destruidos después de correr por el bosque. Sus heridas eran tan profundas que en ellas ya vivía una familia de topos ciegos. Había que hacer algo. El hombre de la choza grande lo intentó, pero él sólo sabía curar miopías. Después de sus esparajismos con el paraguas lo único que consiguió fue que los topos recuperaran la vista y decidieran que esas llagas ya no eran un lugar para vivir.
Él único bálsamo que pudo tener la mujer del mago fue una botella de delicioso vino francés que defecó el caballero de la choza pequeña. Aquí hay que destacar un pequeño detalle y es que la mujer del hombre que defecaba botellas, por primera vez, observó extrañada el milagro de su marido. Como si algo de lo que acabara de suceder escapara a la lógica.
- ¿Cómo has hecho? –Preguntó la mujer del hombre que defecaba botellas. Él no supo responder. –Hoy no lo has hecho como lo haces siempre. Normalmente rompes una botella, te metes los cristales en la boca y después expulsas la botella. Hoy, directamente la has cagado, llena y con tapón.
-Verás, cariño. Es que… realmente puedo defecar botellas. Te lo dije una vez y no me creíste. Por eso inventé lo de reconstruir la botella con los movimientos del estómago.
-Ese también es mi caso. –Dijo el hombre que podía volar.
-¿Tú cambien puedes cagar botellas de vino, champán o anís?
-No. Yo puedo volar.
-¿Y esos planos que me enseñaste? –Dijo la mujer del mago.
-Te mentí porque no me creías.
El hombre que curaba la miopía con un paraguas tomó la palabra.
-Yo también tengo algo que decir. El paraguas es absolutamente prescindible para cura la miopía. Lo hago sin más. Mágicamente.
Los tres fenómenos se fueron a dormir con la tranquilidad que da librarse de una mentira. Y sus mujeres con la inquietud que da haberse merecido dicha mentira. A la mañana siguiente decidirían en que dirección daban el siguiente paso.
Los pies de aquella mujer habían sido hermosos, habían sido unos pies de foto, y todavía sabían dar los pasos en la dirección correcta. Ella fue la primera en levantarse. Luego los demás desayunaron modestamente leche de topo y tostadas. Sí, aquella familia de topos se sentía tan agradecida por el don de la vista que entregaba cada mañana dos dedales de leche. Durante el desayuno planearon la vuelta al pueblo. Ellos tres eran mucho más especiales que el mago que les había quitado el trabajo.
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Tan solo posteo para tranquilizar a las masas. Os anuncio que este fin de semana estará listo el nuevo y último capítulo del hombre que sabía volar. Es un poco más largo que los demás, explica muchas cosas y os juro que no tiene saltos en el tiempo. Espero que os guste y que la espera haya valido la pena.
Hasta entonces. Solo os avanzo una escena.
(…)
Lo pies de aquella mujer eran hermosos. Se podía decir que eran unos pies de foto. Ella fue la última en acostarse. Luego, cuando parecía que todos dormían, los tres fenómenos reunidos bajo la luna se contaron lo que no sabían sus mujeres.
- Yo vuelo. Pero mi mujer no lo sabe.
(…)
Aguantad, que sólo son dos días.
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Luis Piedrahita defiende a esos pequeños seres a los que no se les trata con el respeto que se merecen. El ojo boquiabierto es su blog y en él izará las insignificancias que considere oportunas.
Escrita y dirigida por Luis Piedrahita y Rodrigo Sopeña.
ISBN 8403098596
ISBN 840309736
ISBN8403096461
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