Capítulo dieciséis.
La verdad es que si uno se para a pensarlo las cosas no podían irle mejor a Onirio. Amaba a la misma persona que le amaba a él, tenía el reconocimiento de sus colegas y era capaz de hacer el amor todo el día en una tienda de campaña colgada del campanario de una catedral gótica. Hay muy pocos que puedan decir eso.
Ya se estaba durmiendo, cuando una idea negra cruzó su cabeza y le astilló el ánimo de arriba abajo ¿Qué podía pasar para que todo eso cambiara?
Escribir para Cruz y Raya fue como asistir a la universidad del humor. Las ideas que salían en las reuniones de guión eran francamente brillantes. He aquí una muestra, un sketch escrito por mi amigo Rodrigo Sopeña.
Patri tiene un extraño supermercado en Gandía (Valencia) y hace unas ofertas muy tronchantes. ¡Compre 24 y pague 33! ¡Me encantan las ofertas con letra pequeña!

Enviado por: Noemi
Revisa los anteriores capítulos para saber de qué va la historia. Es muy fácil, sólo has de ir a los tags y pulsar donde dice El arqueólogo.
Capítulo quince.
Las habitaciones estaban en lo alto de la torre, en el campanario. Allí arriba, alrededor de la campana, había construido un pequeño campamento. La comunidad científica pasaba los días con la cabeza cerca de las nubes, durmiendo y soñando.
A Glucoridia y a Onirio les habían reservado la mejor de las tiendas de campaña. Una alejadas de la campana para poder conciliar el sueño. Háganse ustedes a la idea de que esa campana, del tamaño de una montaña hueca, sonaba cada hora y a los de las tiendas más próximas se les caía el sarro de los dientes con cada campanazo. Los pobres dormían, como mucho, una hora seguida. De ahí su carácter nervioso y sus deslumbrantes sonrisas.
A Glucoridia y a Onirio les hubiera dado igual otra tienda de campaña ya que no la iban a usar para dormir. Hicieron el amor todo el día, todas las veces que pudieron y con una calidad bastante aceptable para tratarse de una tienda canadiense para dos. Después hablaron de lo bien que estaban saliendo las cosas.

Continuará…
Acabo de recibir un DVD por correo. Es la grabación de la única actuación de magia que hice en Argentina, un evento francamente bien organizado por la gente del foro Nada en esta mano.
Les pedí que no difundieran la copia porque no me gusta que algo concebido para ser vivido en directo se vea grabado, de todos modos vamos a hacer una pequeña excepción. He aquí un minutito de aquella sesión de hora y pico de magia.
Soy un reconocidísimo encontrador de tesoros. Una época fui buscador, pero no me comía una rosca. Tenía un manuscrito que decía claramente “hay un tesoro enterrado en el alto de Peña Losa” y me lo creí. Busqué el alto de Peña Losa durante diecisiete años. Consulté los mapas, pregunté a los lugareños, traduje los registros antiguos, pero nada. Peña Losa no existía, y mucho menos su tesoro. Un día me cansé y harto de ser buscador de tesoros dije: “yo quiero ser encontrador”. ¿Sabes qué hice? Compré un metro cuadrado de tierra, un trozo así, no muy profundo. Me fui al registro, lo inscribí con el nombre de “alto de Peña Losa”… escarbé y había un tesoro.
La gente ya no entierra los tesoros en el suelo, ahora se entierran en el aire, que allí nadie mira…
¿Quiénes están en el minuto 3:05?
Si quieres saber por qué ha pasado esto, revisa los trece capítulos anteriores pulsando en los tags de el arqueólogo.
Capítulo catorce.
La comunidad científica estaba aterrada. Aquello suponía cambios radicales en la arqueología tal y como la entendemos hoy, o mejor dicho, tal y como la entendíamos por aquel entonces. Estaban nerviosos. Toda su vida habían tenido la sensación de estar buscando una aguja en un pajar, pero ahora se habían dado cuenta de que estaban buscando en el pajar que no era.
Cuando uno revoluciona el mundo de la ciencia el tiempo pasa más rápido. Casi sin darse cuenta la noche había volado y ahora empezaba a amanecer. Había que acostarse, pero antes tenían que recoger toda la catedral y dejarla como Dios manda. Los científicos hacían eso todo los días y en menos de quince minutos la catedral de Burgos volvía a parecer un templo sagrado de padre y muy señor mío. Se dieron los buenos días y se fueron a dormir.

Insto a los premios Nobel de Informática a que nos expliquen como funciona esta consola.

Haced clic en la imagen para disfrutarla en todo su esplendor. (Pero luego no cerréis la ventana que os saldréis del blog, mejor dad a la flechita de “para atrás”) E insto a los Nobeles de la informática a que me expliquen si esto se puede hacer de otra manera.
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